Festival Starmus, en Tenerife

Programas espaciales
Celos, astronautas y “carne enlatada”

Buzz Aldrin

27/06/2011 | Antonio M. Ron

Buzz Aldrin y Neil Armstrong han sido los grandes protagonistas del festival Starmus, en Tenerife , aunque se movieron en órbitas diferentes. El primero llegó a principios de semana, hizo su discurso épico y se marchó antes de que llegara su compañero de alunizaje. Armstrong se mostró más humilde y cercano, pero igual de esperanzado en retomar la carrera espacial. La diferencia entre ambos personajes quedó patente es los pequeños detalles.

Llego a Tenerife y mi primer contacto con Buzz Aldrin se produce de forma indirecta. Es el lunes 20 de junio por la mañana, he venido para cubrir el festival Starmus y el chófer que me lleva desde el aeropuerto me pregunta nada más subir al coche:

– ¿Viene usted por lo del astronauta?

Por lo visto estoy sentado en el mismo lugar en el que ha trasladado a Buzz Aldrin hace unas horas. Como un detective que siguiera la pista de su presa, me descubro anotando todos los detalles que me ofrece el conductor. Estaba muy cansado, llevaba una chaqueta roja “tipo sport” y apenas habló porque iba dando cabezadas. Un tipo capaz de ir y volver de la Luna, pienso, y que cae rendido en la parte de atrás de un taxi. Está claro que la edad no perdona.

El festival Starmus es la mayor reunión entre astronautas y científicos que se ha organizado en los últimos años. Dirigido por el astrofísico Garik Israelian, el evento pretende conmemorar el vuelo orbital de Yuri Gagarin (hace 50 años) y con la excusa ha reunido a cinco astronautas de las misiones Apolo (Charlie Duke, Jim Lowell y Bill Anders, aparte de los dos pioneros lunares), al protagonista del primer paseo espacial (el cosmonuta ruso Alexei Leonov), a dos premios Nobel (Jack Szostak y George Smoot) y personajes de la talla del biólogo Richard Dawkins o el músico y astrofísico Brian May (igualmente misántropos, desde perspectivas diferentes).

La primera mañana Aldrin se presenta ante los periodistas con una chaqueta con su nombre bordado en grandes letras, lleva una pulsera enorme y anillos gigantes que le dan aspecto de pirata. Si hemos pensado que éste será nuestro propio programa Apolo, nos informan a los periodistas, el acoplamiento con el doctor Rendevouz va a resultar imposible. Nos atenderá en una mini-rueda de prensa (caótica y deslavazada), posará para las fotos y se irá antes de que llegue Neil Armstrong, a pesar de que se había anunciado su presencia conjunta.

Alexei Leonov y Armstrong

Cuestión de ser el “primero”

La pregunta que nos ronda a todos por la cabeza es si Aldrin habrá intentado evitar el encuentro. La relación con Armstrong después de su llegada a la Luna ha sido siempre objeto de especulación morbosa. “Buzz” nunca terminó de aceptar ser el segundo y algunas fuentes, como el periodista Andrew Smith en su libro “Lunáticos”, sostienen que la NASA llegó a anunciar a Aldrin que sería el primer hombre en pisar la Luna y que el cambio de decisión trastornó para siempre al astronauta.

La conferencia de Aldrin ante el público en la tarde del lunes está llena de indicios de aquella pequeña rencilla. El astronauta se muestra grandilocuente, repasa su vida en fotografías y se atribuye un montón de méritos sobre el primer alunizaje, hasta los que no son suyos. Evita mencionar a Armstrong por su nombre, se refiere a él como el comandante, y disimula sus méritos dentro de un genérico “nosotros”. Utiliza el mismo sistema de lectura en pantalla que el presidente Obama y su discurso tiene un aire solemne y ceremonioso, hasta que el “atocue” se bloquea y se queda un rato en el limbo, como una estrella que ha perdido momentáneamente la chispa.

Una vez recuperado, Aldrin pone las cartas boca arriba sobre la cuestión que nos tiene obsesionados desde el principio: ¿Por qué decidió la NASA que Armstrong fuera el primero?, se pregunta. Medio en broma, esgrime tres motivos y cada uno de ellos es una carga de profundidad en sí mismo. “1) Porque era el líder de la misión, 2) porque los militares tenían la costumbre de obedecer órdenes de civiles [Armstrong era civil y Aldrin militar] o 3) porque estaba más cerca de la escotilla”. La última propuesta desata una carcajada entre el público del Starmus cuando es, curiosamente, la explicación oficial que le dieron a Aldrin después de anunciarle que él no sería “el primer hombre”. De hecho, cuando le pregunto por este asunto al astronauta Charlie Duke, la voz de Houston durante el Apolo 11, el que transmitía las instrucciones de tierra a ambos, me confirma la teoría de la escotilla e insiste en que Aldrin nunca le dijo que a él le aseguraran que iba a ser el primero.

“Armstrong has landed”

La aparición de Armstrong en escena desata una auténtica conmoción, aunque es mucho más discreta. Se produce el miércoles por la tarde, el astronauta aparece sin previo aviso y se sienta en una fila trasera, como un asistente más al festival. Minutos después me lo encuentro a la salida de las conferencias, mirando el programa. Si éste no fuera un ambiente de “fanáticos” de la carrera espacial, cualquiera lo confundiría con un jubilado de vacaciones en la isla.

En persona, Armstrong resulta tan tímido como cuentan los que se han topado alguna vez con él en las últimas décadas. Lleva una camisa de cuadros con un pequeño bloc de notas en el bolsillo, la montura de las gafas le baila sobre la nariz y le da un aire retro, como si no hubiera cambiado de modelo desde los años 70. Al contrario que Aldrin, cuando lee su discurso no lleva ningún sofisticado sistema digital, simplemente saca un papel del bolsillo y lee algunas palabras sobre la humanidad y la necesidad de seguir conquistando las estrellas. Se sube al autobús con todos los demás y hace auténticos esfuerzos por no ser el centro de atención a cada paso.

A pesar de las diferentes personalidades- el hombre que huye de la fama frente al que se pasea como un pavo real y aprovecha para presentar su propia aplicación de iPad en su charla del Starmus – el mensaje de ambos es muy parecido. Armstrong y Aldrin están convencidos de que la humanidad debe volver al espacio y ponerse nuevas metas. Aldrin considera que Marte es una meta asequible y ha propuesto su propio sistema de autobús orbital que circularía periódicamente entre la Tierra y el planeta rojo. Armstrong prefiere pensar en la Luna como un campo de pruebas que sirva para preparar los viajes de largo alcance. Un primer intento fallido sobre Marte, argumenta, podría tener un efecto fatal sobre la futura exploración espacial.

La rebelión de la “carne enlatada”

Durante las primeras misiones espaciales, como cuenta Tom Wolfe en su libro “Elegidos para la gloria” algunos pilotos de la Fuerza Aérea consideraban que los astronautas eran poco menos que “carne enlatada”. Sus decisiones dependían de los controles de tierra y los sofisticados computadores que controlaban las tareas. La historia de los programas Apolo, y las experiencias de sus intengrantes, demuestran precisamente lo contrario.”La NASA calculó que tendríamos un 60% de éxito”, recuerda Aldrin, “y sin embargo conseguimos alunizar en seis de siete ocasiones, y todos regresamos a salvo”.

Tanto Aldrin como Armstrong son dos buenos ejemplos de cómo el componente humano salvó el programa en los momentos más peliagudos, cuando todo estaba a punto de perderse. La maniobra de Armstrong en busca de un lugar donde aterrizar cuando quedaban las últimas gotas de combustible, el rotulador que Aldrin utilizó para facilitar el regreso a la Tierra son dos de los muchos momentos en que la presencia de un hombre o la idea de un ingeniero salvó la situación.

Entre los invitados a este festival brilló con luz propia el cosmonauta Alexei Leonov, quien el 18 de marzo de 1965 realizó el primer paseo espacial de la historia al salir durante unos minutos de su nave. Al intentar regresar, el traje se había inflado y tuvo que descomprimirlo a mano, jugándose la vida en el acto. “Si hay una crisis, es el cerebro humano el que debe buscar soluciones”, nos cuenta Jim Lowell, quien salvó la situación del Apolo 13 a golpe de ingenio y coraje. “Tuvimos que ir a la Luna para descubrir la Tierra”, nos dice Bill Anders, miembro de la primera tripulación que dio vueltas a la Luna mientras el mundo celebraba la Navidad. Ahora son señores de pelo blanco a los que cualquiera podría confundir con un turista. Ríen, pasan a tu lado y nada los distingue de un abuelo que cruza por la calle. Bajo esas camisas hawaianas, sin embargo, se esconden los héroes de otro tiempo.

Imágenes: Buzz Aldrin (Javier Peláez), Neil Armstrong y Alexei Leonov (Efe)

…..oOo……

~ por albherto en junio 30, 2011.

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