Cachemira

HIMALAYA

Eterna Cachemira

  • Cachemira es una región ubicada en la zona norte del subcontinente Indio.
  • Históricamente, se ha denominado como Cachemira al valle ubicado al sur de la parte más occidental de la cordillera de los Himalayas.
  • Sin embargo, en el ámbito político el término se extiende más allá, incluyendo las regiones de Jammu y Ladakh.
  • La belleza de este destino sigue conmoviendo a los viajeros de hoy tanto como a los de ayer. Es un placer contemplar la puesta de sol sobre las aguas centelleantes del lago Dal desde la terraza de un houseboat o navegar entre los canales a bordo de una shikara.

Valle de Cachemira.

Javier Moro / Fotos: Teresa Méndez…. miércoles 02/07/2008

Cachemira es una zona en disputa, con una población de aproximadamente 13 millones de personas. Cuando India se independizó del Reino Unido en 1947, sus territorios de población mayoritariamente musulmana se segregaron a su vez para constituir el estado de Pakistán. La excepción fue el principado de Cachemira: para afrontar una rebelión interna, su maharajá pidió ayuda a India, que accedió a ello a condición de que el territorio pasase a formar parte de su jurisdicción.

 
 
Mapa de la región de Cachemira. En verde, el territorio ocupado por Pakistán; en naranja, el ocupado por la India.

El valle de Cachemira es relativamente bajo y muy fértil, rodeado por gran número de montañas. Está considerada una de las zonas más bellas del mundo.

La región se encuentra actualmente dividida entre India, Pakistán y China, siendo uno de los focos de disputas internacionales más importante de la actualidad.

Pakistán controla la región noroccidental (Territorios del Norte y Azad Kashmir). India controla los sectores central y meridional de la región (Jammu y Cachemira), mientras que China ha ocupado la región nororiental (Aksai Chin). Dentro de Cachemira, hay sectores que apoyan su independencia.

En Cachemira el invierno es de una belleza sobrecogedora. El otoño es la época de los chinares, árboles majestuosos de la familia de los arces de más de 25 metros de altura. Son los reyes del valle. En primavera las rosas que brotan son enormes, con pétalos como pergaminos olorosos; las amapolas son tan grandes como hortensias, los pensamientos y las margaritas desproporcionados.

La española Anita Delgado, casada con el Maharajá de Kapurthala, solía venir todos los años a Cachemira para huir del calor de la llanura, que en mayo y junio puede alcanzar fácilmente los cuarenta grados. En contraste, el aire de Cachemira es cristalino y fresco y a la española le parecía aquello tan bonito que creía imposible que “alguien pudiera sentirse desgrasiao allí”.

Era huésped del Maharajá Han Singh, un hindú con ademanes de emperador romano que reinaba sobre varios millones de musulmanes en un territorio extenso como España y bello como el paraíso. Propietario de un avión cuyas alas estaban acabadas en plata y dueño de perlas tan grandes como huevos de codorniz, soñaba con una Cachemira independiente. Cuando vio a las tribus de pathanes cruzar la frontera desde Paquistán y arrasar las aldeas a sangre y fuego, sintió miedo y llamó a Delhi para pedir protección. Nehru mandó al ejército y anexionó el territorio a la India. El conflicto estaba servido.

Lo que más se ha resentido ha sido el turismo, la actividad principal de Srinagar y del valle, que fue interrumpido durante casi dos décadas. Hace unos cinco años, el gobierno indio reabrió el territorio a los visitantes. Los extranjeros llegan con cuentagotas, pero el número de turistas indios crece sin parar.

Cual Ave Fénix

Cachemira renace de las cenizas de un conflicto que sigue latente, pero que afortunadamente está bajo control. Soldados patrullan la ciudad antigua, que ocupa las orillas del río Jheelum. Sus edificios revestidos de ladrillo recuerdan un poco a los de Nepal, con sus miradores de madera y sus tejados picudos. Las calles son bulliciosas, pero mas limpias y tranquilas que en las demás ciudades indias. Uno se siente seguro paseando por estrechas callejuelas entre tiendas de especias, de ropa, de ornamentos, de comida… O echando un vistazo al interior de una de las mezquitas mas bellas del mundo toda hecha de papier mâché, o visitando el destartalado museo lleno de tesoros recubiertos de polvo.

Después de comer alguna especialidad de cordero cachemirí en un restaurante popular, una buena manera de pasar la tarde es echando una siesta bajo un chinar en los legendarios jardines de Shalimar, que un emperador mogol creó para uso y disfrute de sus mujeres. Es un placer contemplar la sublime puesta de sol sobre las aguas centelleantes del lago Dal desde la terraza de un houseboat, una de las muchas casas-barco que flotan en el lago, invento de los ingleses. O navegar entre los canales a bordo de una shikara, barquita en forma de góndola que lleva nombres tan cursis como ‘Nido de enamorados’ o ‘Dulce Pájaro de Primavera’, sorbiendo un khawa.

El jardín del Edén

La vida desfila a ritmo del remo del barquero y se ven martines pescadores, huertas color esmeralda, niños uniformados que vuelven del colegio en su barquita, vendedores ambulantes de refrescos y de baratijas, ancianas que cortan algas sentadas en sus barcas para dar de comer a sus animales, campesinos afanados en recolectar sus verduras para llevarlas al mercado… Y con pájaros, muchos pájaros de todos los colores y tamaños. Cachemira es lo más parecido al jardín del Edén.

Para viajeros exigentes, existe la posibilidad de hospedarse en el antiguo palacio del Maharajá Han Singh, convertido en Hotel InterContinental. Desde las habitaciones que en su día ocuparon Anita Delgado y el Maharajá de Kapurthala, se ve la ciudad antigua dominada por la fortaleza mogol de Han Parbat, el lago y varios chinares centenarios. En el tronco de uno de ellos, una inscripción recuerda que el Mahatma Gandhi, el Maharajá Hari Singh y su hijo mantuvieron una reunión bajo su sombra poco antes de la independencia. Gandhi quería convencerle de que uniese su reino a la India, pero el maharajá tenía sueños de grandeza. Reaccionó tarde, cuando se sintió amenazado, y en su indecisión está el origen del conflicto que ha mantenido apartada a esta región del mundo durante tantos años.

Imprescindibles: Sin lugar a dudas, las compras. Cachemira es un paraíso de la artesanía desde teimpos inmemoriales. Un ejemplo son sus preciosos chales y alfombras de merecida fama mundial. Los chales se tejen en diversas calidades de lana, de las que la satoosh es la más sublime, aunque últimamente ha sido prohibida por la matanza indiscriminada de las cabras a la que conducía. En segundo lugar de la escala de calidad estaría la pashmina, muy diferente a la de occidente.

Las alfombras son muy semejantes a las persas y su precio varía según si están hechas con seda o no, y según el número de nudos.

Destacan también las telas bordadas, con las que se hacen cubrecamas, fundas de cojines y mantelerías; y en la ropa, los feran (especie de kaftanes bordados) y las Nehru Jackets (chaquetas de invierno, cortas o largas).

Para dormir. The Grand Palace Srinagar, antiguo palacio del Maharajá Han Singh, se ha reconvertido en hotel de la cadena InterContinental (www.ichotelsgroup.com). Lujoso, bien decorado, con un servicio que no está a la altura de su categoría ni de su precio, el hotel es una alternativa algo cara. Desde las habitaciones se ve la ciudad antigua dominada por la fortaleza mogol de Han Parbat, el lago y varios chinares centenarios.

Para probar deliciosa comida cachemira es recomendable cenar en alguno de los houseboat o casa flotante del lago, ya que sus dueños suelen ser oriundos y conocen bien la gastronomía local.

La mayoría de los restaurantes que se emplazan frente al lago Dal o en las proximidades de las carreteras no sirven comida típica cachemira, sino india, y la mayoría de las veces se trata de platos vegetarianos

Para viajar a la India se necesita un visado, que puede obtenerse en la embajada de este país en Madrid (tfno.: 902 901 010). No se requiere permiso especial para visitar Cachemira, aunque si se llega a Srinagar en avión es necesario registrarse. En este caso habría que especificar en el formulario datos personales como nacionalidad, número de pasaporte, visado, profesión y lugar previsto de alojamiento.

El idioma propio de Cachemira es el kashmiri o cachemiro, que se escribe en alfabeto persa. Pero en el ámbito turístico y con la gente joven es posible comunicarse en inglés.

La moneda oficial es la rupia. aproximadamente 53 rupias equivalen a un euro.

En cuanto al clima, y a diferencia del resto del subcontinente, Cachemira disfruta de cuatro estaciones claramente diferenciadas, que coinciden con las de España.

La infraestructura sanitaria se aleja mucho de las normas europeas. Se recomiendan las vacunas contra el tifus, las hepatitis A y B, y el tétanos, así como la medicación contra la malaria si se viaja a zonas húmedas.

….oOo….

~ por albherto en julio 20, 2011.

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