El misterioso mundo de Shangri-La

El misterioso mundo de Shangri-La

  • ¿Quién no recuerda la leyenda Shangri-la, la mítica ciudad tibetana perdida y aislada entre altas montañas inaccesibles, llena de misterio y atractivo? Pues ahora es una realidad que puede visitarse.

Shangri-La es una palabra que usó por primera vez James Hilton en su novela de 1933 “Horizontes Perdidos”.

Shangri-La describe un lugar imaginario de cumbres nevadas, bosques frondosos y lagos idílicos. Un sitio mágico y encantador cuya mera pronunciación evoca a paraísos perdidos y a tiempos mejores.

A diferencia de lo que ocurre normalmente, el lugar novelesco se convirtió en real y con olor a incienso.También en sinónimo de utopía y paradógicamente en cadena hotelera y en tren expreso de lujo, justo lo contrario de lo que predican los monjes budistas del Monasterio Songzanlin en el hoy Shangri- La, antiguo Zhongdian, situado en la provincia de Yunnan, a medio camino entre el Tibet y el interior de Burma.

Hay paraísos que nunca deben salir de la imaginación de los que los esciben. Sin embargo, hoy en día, Shangri-La existe y la leyenda, accesible en tren. La paz interior, el recogimiento y el encontrarse a uno mismo sólo accesibles para los que saben buscarlos.

Por Sebastián Álvaro, Actualizado: 22/07/2011
 

Hubo un tiempo en el que internarse en las altas montañas era entrar en un mundo mágico y misterioso, ajeno y temido por los hombres, un universo poblado de dragones, dioses y demonios, como todavía se empeñan en recordarnos las leyendas de los poblados situados al pie de las grandes montañas, de los Pirineos al Himalaya.

Pero, poco a poco, este mundo fue lentamente colonizado, transformado y urbanizado, ganando parcelas de confort y perdiéndolas de incertidumbre y grandeza. Y las leyendas se fueron recluyendo en las altas cordilleras de Asia donde, de vez en cuando, desgarrando la niebla que envuelve sus cimas, aún surgen montañas sagradas y misteriosas.

Son los últimos reductos de aquel planeta bello y desconocido que llegaron a disfrutar exploradores y alpinistas del siglo pasado. El último lugar donde los alpinistas pueden encontrar el mejor terreno de juego, repleto de incertidumbre y soledad. Como en los viejos tiempos.

“Más allá del Everest”

 

La idea original se la debemos a mi buen amigo el geógrafo Eduardo Martínez de Pisón, y mi compañero Ricard Tomás se empeñó en convencerme para hacerla realidad. Se trataba de ir a explorar cuatro de estas montañas, remotas, legendarias y desconocidas, en el límite de las provincias de chinas de Sichuan, Qinhai, Yunnan y Tíbet. Un lugar donde se pierden y confluyen grandes cordilleras, envueltas todavía en el desconocimiento, el mito y una tenebrosa realidad: la de los bandidos que asolaban, hasta tiempos relativamente recientes, la región. Bautizamos a nuestro proyecto “Más allá del Everest”, pues queríamos reconocer, para más tarde escalar si fuera posible, unas montañas que en su día fueron consideradas más altas que el propio Everest. Estas montañas son el Amne Machen (6.282 mts), el Meili (6.840 mts), el Nevado del Dragón de Jade (5.596 mts) y el Minya Konka (7.556 mts). A comienzos de siglo y hasta la Segunda Guerra Mundial, a varias de estas montañas se les adjudicaron medidas asombrosas, pues algunas rozaban los diez mil metros de altitud. Todas ellas, además, forman parte aún de ese universo religioso tibetano que ha poblado sus montañas de dioses y sus altos collados de banderas de oración que restallan al viento esparciendo sus oraciones en las cuatro direcciones.

Un lugar sagrado

 

Siempre me ha asombrado y me ha conmovido profundamente, el universo pragmático y supersticioso, al mismo tiempo, del budismo tibetano. Las oraciones inscritas en los más extraños soportes repiten incesantemente la jaculatoria ?Om Mani Padme Hom?, algo así como ?Salve la Joya? en el corazón del Loto, un mantra inscrito en molinos de oración, que pueden mover el agua o la mano del peregrino al mismo tiempo que camina, grabada en piedras ?mani? que se amontonan al borde de los caminos, en banderas de oración y en un sinfín de objetos. Entrar en este territorio es entrar en un lugar sagrado y todo lo que lo rodea adquiere esta característica, hay que respetarlo, entrar como se entra en un templo, como debe internarse el viajero en estos pocos lugares que aún se mantienen puros y salvajes. Si alguien tiene dudas no debe más que ver el estado actual del collado sur del Everest donde se amontonan los desperdicios y las botellas de oxígeno.

El esfuerzo del montañismo

Nos apetecía recuperar el espíritu de esos exploradores, geógrafos y cartógrafos, que desde finales del siglo XIX, se empeñaron en desvelar los últimos espacios en blanco que abarcaban grandes zonas de Asia central. Fueron mujeres y hombres extraordinarios, que se enfrentaron a graves peligros pero lo hicieron con ese afán de conocimiento que se inició con la Ilustración y perduró en las mentes de estos viajeros románticos. A ellos les debemos, en buena medida, los conocimientos del mundo tal y como lo concebimos ahora, transformando la ciencia y la sociedad. Pero también pretendíamos reivindicar ese alpinismo que bebe de las fuentes de ilustres montañeros, partiendo de Alfred Mummery a excelentes alpinistas modernos como Walter Bonatti o Reinhold Messner. Además, después de la desastrosa imagen que en los últimos tiempos ha proporcionado la escalada de algunas grandes montañas, y muy en particular la más alta de todas, el Everest, queríamos transmitir sensatez y sentido común, reivindicando la esencia de los valores del montañismo clásico que, por cierto, es el que practica la mayoría de las personas que aman este deporte. Siempre he pensado que montaña, aventura y exploración, es decir, dificultad, soledad y belleza deben ir unidos. A cambio, para disfrutarla plenamente la montaña exige esfuerzo, coraje, capacidad de sacrificio, labor de equipo y solidaridad. Por último, fue la empresa “China Tierra de Aventura”, de mi compañero Ricard Tomás, uno de los mejores conocedores españoles de China desde hace veinte años, quien dio forma al proyecto y lo hizo posible. Y nos pusimos en marcha.

La leyenda Shangri-la hecha realidad

¿Quién no recuerda la leyenda Shangri-la, la mítica ciudad tibetana perdida y aislada entre altas montañas inaccesibles, llena de misterio y atractivo? Pues hoy en día es una realidad que puede visitarse porque las autoridades chinas han decidido dar este nombre a uno de los pueblos más bellos y remotos de la provincia de Yunnan, recordando el mítico enclave de la película ?Horizontes Perdidos?. Ese fue el lugar donde empezó nuestra aventura. Hasta allí nos llevamos la famosa película de Frank Capra, que se basa en la novela que escribió James Hilton en 1933. Aunque pueda sorprender, Hilton no viajó nunca a ver las altas montañas de Asia, pero era un lector voraz de los artículos de Joseph Rock, el corresponsal de National Geografic en la zona y, basándose en ellos, construyó una novela que situó con precisión en la cordillera del Kunlún. La novela impresionó a Capra -como a muchos millones de lectores desde entonces- que decidió adaptarla al cine. Y desde ese momento la leyenda de Shangri-La traspasaría el ámbito del cine de aventuras para convertirse en el mismo sueño del Fausto de Goethe, tan anhelado y perseguido como inalcanzable. Este lugar perdido en medio de las altas montañas ha sido reivindicado por muchos lugares desde el valle de Hunza a otros no menos lejanos del Tíbet. En ese mítico lugar el viajero perdido debería encontrar, además de una larguísima y feliz vida, el idealismo, la bondad y los principios éticos de la humanidad. A falta del verdadero sueño, disfrutamos unos días de la copia china, bastante parecida en lo físico -todo hay que decirlo- al decorado de la película de Capra, algo en lo que, como es bien sabido, los chinos son unos maestros.

La leyenda del Everest destronado

Partiendo de esta pequeña ciudad y durante casi un mes estuvimos recorriendo parajes increíbles vedados a los occidentales hasta hace muy pocos años. Fue Martínez de Pisón el que nos alertó sobre diversas noticias que, en los años treinta del siglo pasado, apuntalaban la posibilidad de que hubiera montañas que superasen los 10.000 metros de altitud, dejando en un segundo plano al mismo Everest, al que los cartógrafos británicos ya habían otorgado una altitud un poco inferior a los nueve mil metros. Las noticias fueron enviadas por algunos pioneros que se adentraron en estas montañas y, más tarde en los años cuarenta, un piloto norteamericano afirmó haber descubierto una montaña de más de 10.000 metros de altitud. Un periódico de la Segunda Guerra Mundial en cordilleras de Asia Central, afirmó que, de repente, surgió un pico cuya cumbre era mil metros más alta que su cota de vuelo, señalada por su altímetro a 9.000 metros de altitud. ¿Era tal vez el K2? Hoy sabemos que su altímetro iba, sin duda, mal calibrado, pero el desafío de una nueva montaña más alta que el Everest reaparecería una y otra vez. De modo que algunas rectificaciones posteriores de altitudes algo escandalosas parece que buscaran revivir la leyenda del Everest destronado. Pero quien jugaría un papel destacado fue el conocido explorador Joseph Rock, que enviaba sus artículos a National Geografic.

El Amne Machen

Así que, siguiendo su periplo, primero visitamos y reconocimos hasta su base el Amne Machen -algo así como “el más alto y divino”- en la cordillera del Kunlún, al que Rock llegó a otorgar la increíble cifra de 30.000 pies, luego rebajada por la propia entidad a una cifra de 28.000, mucho más razonable y cercana a su altitud real. Aunque nos hizo un tiempo bastante detestable tomamos buena nota de lo que vimos y de las duras condiciones de hielo de la montaña, y sólo un mes después nuestros compañeros Ramón Portilla, Ricard Tomás, Juanjo San Sebastián y el tibetano Joe Nampar alcanzarían una de las principales cimas de esta montaña. La verdad, este macizo está tan envuelto en el misterio y es tan desconocido que, a día de hoy, no sabemos si fue la cumbre más alta u otra 14 metros más baja. Para resolver este misterio estamos dispuestos a repetir el año que viene aunque, igual que esta vez, seguiremos el consejo de nuestros amigos tibetanos que viven en los alrededores y respetando sus creencias nos mantendremos a una distancia prudente de la cima para no enfurecer a los dioses de la montaña sagrada, algo que desde luego no hicieron los 18 alpinistas chinos y japoneses en nuestra siguiente montaña, el Meili, o Kawa Karpo en tibetano, y que pagaron muy caro. En 1991 esos alpinistas desaparecieron en un enorme alud. Es probablemente la tragedia más importante acaecida en la escalada de una gran montaña. Desde entonces, siguiendo el consejo de los viejos lugareños, la montaña está prohibida y desde luego no seremos nosotros los que rompamos esa norma.

Montaña Nevada del Dragón de Jade

Por último visitamos las dos montañas que nos restaban. La del Nevado del Dragón de Jade ha sido convertida en un parque temático, con teleférico incluido, donde las parejas de novios suben a hacerse las fotos de boda. Sus glaciares son los más meridionales del continente euroasiático lo cual, a pesar de la masificación, no es poco.

El Minya Konka

Para terminar nuestro periplo nos dirigimos a la más majestuosa de estas cuatro montañas que, un día, superaron al Everest: el Minya Konka. La verdad es que desde el collado de Liuba impresiona. Desde el pueblo de Moxi a su cima hay un desnivel de seis mil metros, lo que convierte este sitio en uno de los más grandes taludes de la superficie terrestre. Sin duda, es la más difícil y peligrosa de todas. Frente a las casi cuatro mil personas que, aproximadamente, han alcanzado hasta hoy la cumbre del Everest, la estadística del Minya Konka es aterradora: apenas han subido 22 personas mientras que 21 alpinistas han perdido la vida en sus laderas. La exploramos por el norte y el sur; estudiamos las diferentes posibilidades de escalada; hablamos con los tres únicos monjes que quedan en su monasterio, al pie de su glaciar; y nos volvimos a España. Quizás sea un poco atrevido decirlo ahora, pero espero que volvamos muy pronto a tratar de resolver el último misterio de esta parte del mundo.

….oOo….

~ por albherto en agosto 2, 2011.

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