La única hija de Stalin

URSS  | Ha muerto a los 85 años

Lana Peters, la única hija de Stalin

Svetlana Stalina, con Stalin y uno de sus hermanos

ELMUNDO.es | martes 29/11/2011

Los múltiples nombres de la única hija de Josef Stalin dan idea de su periplo vital. La única niña de quien gobernó la URSS con mano de hierro entre 1941 y 1953 nació como Svetlana Stalina, adoptó el apellido materno tras la muerte del dictador (Alliluyeva) y, tras renegar de la Unión Soviética y casarse con un estadounidense, se convirtió en Lana Peters. Peters ha muerto en EEUU a los 85 años a causa de un cáncer de colon.

Svetlana nació en 1926, del segundo matrimonio del dictador ruso con la secretaria Nadezha Alliluyeva. Su juventud estuvo marcada por la tragedia. ‘La princesita’ del Kremlin -única hija del dictador soviético, que tuvo dos hijos varones- perdió a su madre cuando tenía seis años.

Aunque la versión del régimen es que Nadezha murió a causa de una infección, se dice que la segunda esposa de Stalin acabó con su vida. Durante la Segunda Guerra Mundial, su hermano mayor, Yakov, fue ejecutado por los nazis.

Como hija del secretario general soviético, Svetlana disfrutó de todos los privilegios, y antes de la muerte de su padre, se casó (y divorció) dos veces.

Huida de la URSS

Catorce años después de la muerte del padre, Svetlana huyó de la Unión Soviética en 1966, dejando allí a los dos hijos que había tenido con sus dos primeros maridos. En plena Guerra Fría, su deserción supuso un auténtico bochorno para el régimen comunista, que la tachó de “moralmente desequilibrada” y “enferma”.

Fue una tercera relación la que precipitó su huida de la URSS. Enojada por el trato que su compañero Brijesh Singh había recibido de las autoridades soviéticas -Svetlana perdió muchos privilegios tras la muerte del zar rojo y las autoridades soviéticas no le permitieron casarse con Singh, un comunista de nacionalidad india-, la heredera de Stalin aprovechó su viaje a la India para depositar las cenizas de su pareja para solicitar asilo político en la embajada de EEUU en Nueva Delhi.

El “gorrioncito” de Stalin se refugió entonces Estados Unidos, donde fue recibida como una exiliada “de oro”. “He venido aquí para buscar la libertad de expresión que se me ha negado durante tanto tiempo en Rusia”, dijo nada más aterrizar en Nueva York, en 1967.

La viuda del arquitecto Frank Lloyd Wright, Olgivanna Wright, también de origen ruso, la tomó bajo su protección y Svetlana se casó con un discípulo del arquitecto, William Peters, de quien tomó el apellido. Se convirtió entonces en Lana Peters.

El regreso a Moscú

Pero en EEUU tampoco encontró la paz que seguramente buscaba. Se convirtió en una celebridad, escribió dos libros de memorias y tuvo una hija, Olga, con Peters. Este matrimonio también fracasó y en 1982 se estableció en Inglaterra.

En 1984, regresó a Moscú y fue recibida como la “hija pródiga” que nunca debió haberse marchado. Recuperó entonces su nacionalidad soviética y denunció que realmente no había gozado de libertad ni en Reino Unido ni en EEUU.

Sin embargo, su hija Olga no logró adaptarse a la nueva vida y la propia Lana confesó: “Moscú ya no me gusta más”. La hija abandona el país para marcharse a Londres y Svetlana pide, y obtiene de Mijail Gorbachov, el permiso para abandonar la patria.

Tras varios años erráticos, con estancias incluso en asilos de beneficencia, Peters volvió a EEUU en los años 90.

NECROLÓGICA. La única hija de Stalin muere a los 85 años en el anonimato y la pobreza

Tras la muerte de su padre, en 1953, los nuevos líderes del Kremlin la despojaron de sus privilegios

  • El presidente Johnson le concedió asilo político en EE UU en los años 60

 

La hija de Stalin, Lana Peters, en una imagen de abril de 2010. / STEVE APPS (AP)

David Alandete  Washington 28 NOV 2011 

La princesa del Kremlin traicionó la memoria de su padre. Huyó a India, a Inglaterra, a Francia. Abrazó los valores capitalistas. Se refugió en el gran desierto del oeste americano. Volvió a la URSS y, de nuevo, a Norteamérica. Si su vida hubiera sido una novela rusa se habría llamado La Huida. Y es cierto: tan compleja y prolija como una obra rusa fue la existencia de Svetlana Stalina, hija de Josif Stalin. Murió el martes pasado a los 85 años como Lana Peters, en la pobreza y el anonimato del condado de Richland, en medio del vacío de las explanadas rurales de Wisconsin. Había perdido su fortuna. Había renegado de sus raíces. Se había alejado de su familia. Y murió lejos de las cámaras que la siguieron desde que naciera en Moscú en 1926.

Fue la única hija de Stalin. Tuvo tres hermanos varones. Para los resortes de la propaganda estalinista fue la forma de humanizar al dictador. Aparecía en fiestas y recepciones. Su padre la colmaba de atenciones. Le regalaba hasta películas americanas. La apodaban El pequeño gorrión. Entre los cojines del Kremlin, ignoraba los efectos terroríficos de la represión de su padre. Las circunstancias de su propia vida le eran también ajenas. Cuando tenía seis años, su madre, Nadezhda Alliluyeva, se suicidó. Durante un tiempo, la pequeña creyó que había muerto de una apendicitis.

Aunque renegaría más tarde de su padre, en realidad nunca le abandonó, a pesar de que durante la larga guerra con Alemania, entre 1941 y 1945, Stalin cambió. A su hijo Yakov lo dejó morir a manos de los nazis, negándose a intercambiarlo por un general alemán capturado. Al novio de Svetlana —judío— lo mandó a Siberia. Se casó con otro hombre en 1945, con quien tuvo un hijo. Se divorció dos años después. Se volvió a casar con el hijo de un colaborador de Stalin. Tuvo otra hija. Y se divorció de nuevo.

Fue tras la muerte de su padre, en 1953, cuando los nuevos líderes del Kremlin, incluido el primer secretario Nikita Kruschev, la despojarían de sus privilegios. Antes que convertirse en una más, prefirió huir. Escapó a India en 1967. Allí pidió asilo político en la Embajada de Estados Unidos. El presidente Lyndon B. Johnson se lo concedió. Según escribió en 1992 The Washington Times, el KGB trató entonces asesinarla, un plan que no se completó. Finalmente Svetlana llegó a Nueva York en abril de 1967. Publicó dos autobiografías en las que renegaba de su padre, de la URSS y del comunismo.

Tras quemar en público su pasaporte soviético, se asentó en Nueva Jersey. Tres años después conoció a William Wesley Peters, discípulo de Frank Lloyd Wright, y se casó con él. Ambos se mudaron a un complejo diseñado por el famoso arquitecto en Scottsdale, en el desierto de Arizona. Pero como parece que era norma común en sus casamientos, tuvo una hija y, en dos años, se divorció. Se nacionalizó norteamericana en 1978, y cambió su nombre por el de Lana Peters.

Entonces, hace ya 33 años, comenzó la decadencia de su vida. Se marchó a Inglaterra. Justo cuando la historiografía de la URSS rescataba la memoria de Stalin, ella comenzó a hablar mejor de su padre. Dijo que había sido un juguete de la CIA. Regresó a la URSS. Recuperó su pasaporte. Pero no encontró el reconocimiento que esperaba, y se mudó a Georgia para, en 1986, volver de nuevo a Estados Unidos.

Ya en Wisconsin, dijo que nunca había renegado de EE UU, que todo había sido una mala traducción de sus palabras. Trataba de huir de los medios. Algunos escribieron que subsistía en la pobreza, que había enloquecido. Dio, finalmente, una entrevista al diario Wisconsin State Journal, el año pasado. De su padre, tuvo algo que decir, una frase lapidaria: “Me rompió la vida”.

…..oOo…..

~ por albherto en noviembre 29, 2011.

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