10 hitos de la exploración

10 hitos de la exploración muy viajeros

  • Desde la aldea africana donde Stanley encontró a Livingstone hasta la mítica Tombuctú
 
Lonely Planet……….6 JUN 2013 – 00:00 CET

Embarcaciones fabricadas con juncos cruzan el Nilo Azul, justo por encima de las cataratas de Tis Issat (“agua humeante”), en Etiopía. / Peter Guttman

Hay lugares en el mundo que, a simple vista, no tienen nada especial. Algunos no son atractivos, otros ni siquiera resultan agradables y alguno otro incluso resulta inaccesible. Eso sí, todos ellos tienen algo en común: han significado un hito en la historia de la exploración del planeta. Para los enamorados de las grandes gestas, lugares a los que merece la pena ir al menos una vez en la vida.

01 Donde Colón descubrió América

SAN SALVADOR (BAHAMAS)

ampliar foto Vista aérea de uno de los cayos de Exuma, en Bahamas. / Onne van der Wal

Dice la historia que el 12 de octubre de 1492, de madrugada, el marinero Rodrigo de Triana gritó aquello de ¡Tierra!, y avistó América. Cristóbal Colón desembarcó en una isla a la que puso por nombre San Salvador. Y no era para menos: habían sido dos meses largos de travesía, con una tripulación siempre a punto del motín. San Salvador era una isla a la que los nativos, los lucayos o taínos, llamaban Guanahani. Bartolomé de las Casas, la describió así: “Esta isla es bien grande y muy llana y de árboles muy verdes y muchas aguas y una laguna en medio muy grande, sin ninguna montaña, y toda ella verde, qu’es plazer de mirarla”. Son pocas señas, pero sabemos con certeza que se trata de una de las islas de las Antillas, concretamente de las Bahamas, aunque los historiadores no han llegado a ponerse de acuerdo en la identificación exacta.

Las dos localizaciones que parecen más probables son Cayo Samaná, en el centro del archipiélago de las Bahamas, o uno de los llamados Cayos franceses, al oeste de la Isla Mayaguana. Sin embargo, se sigue considerando popularmente que la isla de Guanahani es la llamada Isla de San Salvador, al nornoroeste del Cayo Samaná. En realidad no corresponde para nada a la descripción que realizaron los contemporáneos, pero los viajeros y los mitómanos siguen identificando esta isla como la primera que pisaron los europeos en América.

Quienes viajen hoy a las Bahamas se las encontrarán convertidas en un destino turístico internacional. Incluso la pequeña isla de San Salvador, con sus escasos mil habitantes, recibe muchos turistas gracias a sus buena playas y a sus arrecifes, perfectos para hacer snorkel. En el norte de la isla hay también un Centro de Investigaciones (Gerace Research Center) que recibe cada año a centenares de estudiantes e investigadores que realizan estudios sobre mares tropicales en diferentes campos de investigación. La capital de la isla es Cockburn Town.

02 “El Dr. Livingstone, supongo”

UJIJI, LAGO TANGANIKA (TANZANIA)

ampliar foto Pescadores en el lago Tanganika, en el parque nacional de Gombe, en Tanzania. / Kennan Ward

El 10 de noviembre de 1871, el periodista americano Henry Morton Stanley encontró al desaparecido misionero escocés David Livingstone en la aldea africana de Ujiji y pronunció la famosa frase: “El Dr. Livingstone, supongo” (lo escribió él mismo en su libro Cómo encontré a Livingstone). Era el final de una aventura que habían seguido con enorme interés miles de personas en todo el mundo a través de las crónicas que el americano enviaba al New York Herald, el periódico que le había encargado en 1869 la búsqueda del misionero-explorador desaparecido hacía varios años en el interior de África.

Parecía una buena historia para incrementar lectores, pero la verdad es que tampoco se dieron mucha prisa en buscarle: el editor le pidió a Stanley que buscara a Livingstone pero antes, (ya que estaba por ahí), asistiera como corresponsal a la inauguración del Canal de Suez, para luego ir a Jerusalén, Constantinopla, Crimea y llegar a la India a través del Caúcaso, Irak y el Eúfrates. Solo después de este pequeño rodeo tendría que viajar a la isla de Zanzíbar (ya en 1871) y organizar la expedición para localizar al misionero escocés.

Cuando Stanley le encontró en la aldea de Ujiji, a orillas del lago Tanganika, Livingstone estaba muy enfermo a causa de unas hemorroides de las que nunca quiso operarse. Se hicieron bastante amigos e incluso emprendieron juntos la exploración del lago Tanganika, aunque Stanley regresó solo a Europa. Livingstone nunca quiso dejar África y allí murió y está enterrado.

Para ir a Ujiji hay que viajar al oeste de Tanzania, a las orillas del lago Tanganika, a unos 10 kilómetros al sur de Kigoma. Ujiji es la ciudad más antigua de esta parte del país, pero ha ido perdiendo población a lo largo del siglo XX y hoy forma parte de la zona urbana de Kigoma/Ujiji. Los primeros europeos que pasaron por allí (en 1858) fueron los famosos Burton y Speke, que descubrieron así el lago Tanganika.

En la actualidad, Kigoma-Ujiji es el mayor puerto del lago y el final de la línea férrea procedente de Dar el Salam, pero no tiene demasiados atractivos para el turista. Es también un buen punto de partida para quienes visitan el parque Nacional de Gombe (el de los chimpancés de Jane Goodal) y el de las Montañas de Mahale.

03 Núñez de Balboa descubrió aquí el Pacífico

GOLFO DE SAN MIGUEL (PANAMÁ)

ampliar foto Tucán de pico castaño en el parque nacional de Darien, en Panamá. / Alfredo Maiquez

Hace casi 500 años exactos, en la mañana del 25 de septiembre de 1513, Vasco Núñez de Balboa descubrió con asombro un mar desconocido desde los altos de la cordillera del río Chucunaque, en el actual Panamá, y lo bautizó Mar del Sur. Este lugar, hoy llamado golfo de San Miguel, es una zona de manglares costeros de la región del Darién.

Hay que imaginarse la sorpresa del aventurero español, quien probablemente no se esperaba que esta parte del mundo fuera tan estrecha y que los dos océanos estuviesen tan próximos. Le acompañaban en el descubrimiento otros 66 hombres, entre ellos Francisco Pizarro, que todavía no era famoso ni había descubierto el Perú. Juntos subieron a la cima de aquellas montañas, rezaron un Te Deum con el obispo Quevedo, levantaron pirámides de piedra y tallaron cruces en los árboles para conmemorar el descubrimiento. Después bajaron a la playa y Núñez de Balboa levantó en sus manos una espada y un estandarte de la Virgen María, entró a las aguas hasta el nivel de las rodillas y tomó posesión del Mar del Sur en nombre de los soberanos de Castilla.

Lo que no sabían en aquel momento era que habían descubierto el mayor océano del mundo, el Pacífico, y, sobre todo, que habían encontrado aquel camino por el oeste a las Indias y el Catai que buscaba tan desesperadamente Colón.

Hoy, el viajero que se anime a llegar hasta el golfo San Miguel descubrirá un lugar muy poco turístico. Se trata de una bahía interior del Golfo de Panamá, en la provincia de Darién, en el que desembocan los ríos Tuira y Chucunaque. El Darién, la región más meridional de Panamá, es una zona de manglares con una gran diversidad biológica en la que hay 15 asentamientos, entre ellos los de los indios Emberá y Wounaan, que viven de la pesca a pequeña escala.

El Darién se mantiene casi tan inaccesible como en tiempos de Balboa (algunos de estos asentamientos solo son accesibles en barco), cubierto por una selva que parece ser igual que hace un millón de años. El Parque Nacional Darién es también uno de los biomas más ricos del mundo y uno de los destinos más apreciados por los observadores de aves. En general, un destino para amantes de la aventura y de los lugares que conservan su autenticidad.

04 Mendaña y el Rey Salomón

ISLAS MARQUESAS (POLINESIA FRANCESA)

ampliar foto Isla de Fatu Hiva Omoa, en el archipiélago de las Marquesas (Polinesia Francesa). / Patrick Frilet

Las Islas Marquesas, hoy parte de la Polinesia Francesa, fueron españolas en otro tiempo. De hecho, fue un español, berciano por más señas, quien las descubrió en 1595. Álvaro de Mendaba iba en busca nada menos que de la Terra Australis Incógnita o, en su defecto, de más tierras y más oro en aquellos mares del Sur recién descubiertos. En su afán por descubrir cruzó el Pacífico Sur desde Perú y llegó hasta Santa Cruz, el grupo más meridional del archipiélago de las Salomón. Mendaña las llamó así porque pensó que eran un lugar digno del bíblico y salomónico Ofir, un país lleno de minas de oro y de gentes susceptibles para ser bautizadas en el cristianismo. Soñaba con establecer allí una colonia, pero sus hombres solo querían regresar a Perú, así que permanecieron seis meses y cuatro días y encontraron muy pocas cosas de valor. Volvió años más tarde, esta vez con su esposa Isabel Barreto, pero no logró dar con las islas Salomón, sino con otra isla más al sur, Santa Cruz, donde murió y su esposa tomó el mando para regresar a casa.

Las islas Marquesas hoy son el mayor archipiélago de la Polinesia Francesa, unos 1.800 kilómetros al noroeste de Tahití. Se dividen en dos grupos: el del norte, en torno a la isla de Nuku Hiva y las pequeñas islas de Ua Pou y a Huka, y el grupo meridional, en torno a la isla de Hiva’Oa. Estas ínsulas han servido de inspiración a escritores como Herman Melville o a Robert L. Stevenson, y a artistas como Gauguin o Paul Lapin. No es difícil organizar un viaje hasta este remoto rincón del Pacífico desde la capital polinesia.

En cuanto a las Islas Salomón, en la Melanesia, hoy forman parte de la Comonwealth británica. Son 990 ínsulas al norte de Australia, muchas de ellas deshabitadas. La isla más conocida es Guadalcanal, en la que tuvo lugar una de las batallas más importantes de la guerra del Pacifico durante la II Guerra Mundial. En recuerdo de Mendaña, muchas islas del archipiélago mantienen nombres españoles, aunque desde 1893 son un protectorado de Gran Bretaña.

05 Las fuentes del Nilo Blanco…

LAGO VICTORIA

ampliar foto Nacimiento del Nilo Blanco, en el lago Victoria (Uganda). / Dennis K. Johnson

La búsqueda de las Fuentes del Nilo ha sido una de las mayores aventuras de la exploración de África y una de las que más alimentó la leyenda y la fama de los grandes exploradores británicos. En el primer mapa de África, el geógrafo Ptolomeo señalaba una tierra misteriosa que llamó los Montes de la Luna, cuyas aguas alimentaban dos lagos paralelos. Durante siglos nadie confirmó estos datos pero a mediados del siglo XIX, la Royal Geographical Society británica decidió zanjar el asunto enviando a Richard Burton al África oriental, quien eligió como acompañante al militar John Hanning Speke.

Fue un arduo viaje que terminó en un fuerte enfrentamiento personal. Burton siempre defendió que el lago Tanganika era el origen del río; Speke aseguró que él era quien había descubierto las fuentes y que estaban en el Lago Victoria. La polémica hizo que se organizara en 1862 una nueva expedición, esta vez con Speke y Grant, que identificó correctamente las cataratas Ripon (en la actual Uganda) como el punto donde el Nilo mana del lago Victoria.

Las Cataratas Ripon se encontraban en el extremo norte del Lago Victoria y eran la salida natural del lago hasta 1954, cuando se construyó la presa de las Cataratas Owen, cerca de Jinja, que extiende de forma artificial el lago y ha dejado sumergidas bajo las aguas estas míticas cataratas. Lo único que hoy se ve es un pequeño manantial subterráneo del que brota el treinta por ciento del agua del Nilo. El resto del agua procede directamente del Lago Victoria.

Jinja es por tanto la ciudad más cercana a las Fuentes del Nilo, y también la más turística de Uganda, pues vende muy bien la historia del origen del gran río africano. Jinja mantiene un aire colonial, con casas victorianas y amplias avenidas arboladas que llevan a la entrada de un Parque Nacional que recibe al visitante con un gran letrero –“Bienvenido a las Fuentes del Nilo”- y algunos puestos de souvenirs. Una colección de barcas esperan a los turistas para ofrecerles una travesía hasta las mismísimas fuentes, pasando por el memorial de Speke, donde una placa y una estatua conmemoran el descubrimiento, y a un islote que se considera el punto exacto en el que nace el río.

Desde allí se puede remontar el cauce y llegar hasta los saltos de agua de Bujagali, unos rápidos en los que muchos practican el rafting y que en un momento Speke llegó a considerar como las auténticas fuentes del Nilo. Jinja es un lugar agradable que los amantes de la historia no pueden dejar de disfrutar. Especialmente recomendable es el hotel Haven, en la curva del río, donde se oye el rugir del poderoso Nilo en el inicio de su largo camino.

06 …y las fuentes del Nilo Azul

ETIOPÍA

ampliar foto Cataratas del Nilo Azul, en Etiopía. / Jesús Gabán

Mucho antes de que los ingleses intentaran descubrir el lugar donde nacía el Nilo, ya lo hizo un español, el madrileño Pedro Páez: este jesuita vio las fuentes del Nilo Azul en 1618, en Etiopía, después de una vida llena de aventuras que le llevaron desde Goa al desierto de Yemen. Había llegado a Etiopía en 1603 con la misión de convertir al catolicismo a sus emperadores, primero a Za Denguel y luego a su sucesor Susinios. Éste le envió en una expedición militar a las montañas de Gishe, al sur de lago Tana, donde se convirtió en el primer europeo en contemplar las fuentes del Nilo Azul. Como era un hombre humilde, nunca se proclamó descubridor de un lugar que los etíopes de la zona conocían bien (sí que lo haría el escocés James Bruce un siglo y medio más tarde).

Hoy se puede viajar hasta las mismas fuentes del Nilo y contemplar aquel paraje que tan bien describió en sus libros Paéz. El lugar, conocido como Abbay Wenz, o río grande, es uno de los cincuenta arroyos que mezclan sus aguas en el lago Tana, en la meseta de Amhara, a 1.788 metros de altitud. Se trata, en concreto, de una serie de pozos burbujeantes ocultos entre la vegetación de un bosquecillo en medio de una pradera. Los etíopes se acercan para venerar este lugar tan especial. El viaje debe completarse con la visita a las cataratas del Nilo Azul, o de Tis Abay (agua humeante), a las que se llega por una pista sin asfaltar desde la ciudad de Bahir Dar, en las orillas del Lago Tana. Aunque una central hidroeléctrica no muy grande ha restado espectacularidad al lugar, merece la pena. Unos lugareños aproximan en barcas bastante precarias a los turistas.

La visita a las Fuentes del Nilo Azul es el colofón perfecto de un recorrido por la zona del Lago Tana, que puede atravesarse en barca, parando en alguno de los 37 islotes interiores que albergan una veintena de monasterios cristianos.

07 La ciudad de los 333 santos

TOMBUCTÚ (MALI)

ampliar foto Mezquita de Djingareyber, de principios del siglo XIV, en Tombuctú (Malí). / Nik Wheeler

A principios del siglo XIX en Europa había lugares que sonaban realmente míticos e inalcanzables. Uno de ellos era Tombuctú, una poderosa ciudad caravanera en el corazón de África, de acceso prohibido para los no musulmanes, y una de las ciudades santas del islam. En aquellas fechas se desató entre los aventureros europeos una verdadera carrera por ser el primero en llegar a Tombuctú… y volver para contarlo.

Muchos murieron en el intento, pero René Caillé fue el primero que llegó a Tombuctú y Djené, a principios de 1829, y que regresó vivo para contarlo y para cobrar los 10.000 francos que la Sociedad Geográfica de Francia había prometido como recompensa al primero que lograra entrar en la ciudad y volver sano y salvo para relatar cómo era.

Los británicos lo habían intentado enviando al explorador Alexander Gordon Laing, desde Trípoli. Parece ser que logró llegar, pero no salir vivo de la ciudad, sede de la prestigiosa Universidad islámica de Sankore y de tres grandes mezquitas, y en la que los extranjeros eran francamente mal recibidos. La trágica historia de Laing alimentó aún más el mito y fue uno de los incentivos de Caillé para llegar hasta allí. Eso sí, antes pasó un año conviviendo con musulmanes de la zona, aprendiendo el Corán y sus costumbres, para pasar por uno de ellos. Caillé consiguió los 10.000 francos prometidos y publicar su relato, Journal d’un voyage à Tombouctou, que le hizo famoso en todo el mundo.

Tombuctú hoy es un destino realmente complicado por temas políticos y religiosos, poco recomendable, pero en años pasados han sido muchos los que se han animado a recorrer la zona. Si bien la ciudad es algo decepcionante, no lo son localidades cercanas de la Curva del Níger, como Mopti o Djené, otro histórico enclave religioso y comercial situado en el delta interior del Níger, famoso por su gran mezquita, obra cumbre de la arquitectura sudanesa y el mayor edificio religioso del mundo hecho en barro.

08 Hernán Cortés quemó sus naves

VERACRUZ (MÉXICO)

ampliar foto Fortaleza de San Juan de Ulloa, en el puerto de Veracruz (México). / Robert Frerck

Veracruz es el puerto comercial más grande de México, pero también el lugar desde el que Cortés partió hacia la conquista del imperio azteca desde la costa atlántica: aquí quemó sus naves y, con ellas, cualquier posibilidad de retorno para su tripulación, que ya pensaba en cómo volverse a Cuba.

Veracruz fue fundada en 1529 por el mismo Hernán Cortés, quien la bautizó Villa Rica de la Vera Cruz, y durante los cuatrocientos años siguientes fue la puerta de México para invasores y piratas, gobernadores entrantes y exiliados, colonos, plata y esclavos… todo pasaba por esta ciudad y la convertía en un punto crucial de la historia del país. El pirata inglés Drake se obsesionó con ella pero nunca logró tomarla.

Con este pasado histórico, Veracruz es casi una visita obligada para cualquier viajero. Especialmente el lugar exacto donde Cortés quemó sus naves, La Antigua, a unos 25 kilómetros de la actual Veracruz, una adormilada ciudad en la que se conserva una casa de aduanas del siglo XVI (La Casa de Cortés) y la ermita del Rosario, de 1523, la iglesia más antigua construida en América continental. También hay ir al Zócalo, esa plaza mayor que tienen todas las ciudades mexicanas, bordeada por la catedral y el Palacio Municipal. Como puerto de mar, tiene un bullicioso paseo marítimo y un malecón que termina en el bulevar peatonal de Camacho. Para encontrarnos con el pasado colonial hay que acercarse a la Fortaleza de San Juan de Ulloa o al Baluarte de Santiago. Nos sentiremos como en una película de piratas del Caribe.

09 Donde se dio la vuelta al mundo

ESTRECHO DE MAGALLANES (PATAGONIA)

ampliar foto Pingüinos de Magallanes en Isla Magdalena, en la Patagonia chilena. / Antonio Vaccarini

El estrecho de Magallanes hoy es un destino de lo más interesante, con cruceros que te llevan fácilmente de un lado a otro, tanto en su parte chilena como en la argentina. Pero a principios del siglo XVI se desconocía su existencia, y que comunicaba dos grandes océanos.

La hazaña de Fernando de Magallanes, quien comandó en 1519 la expedición que dio la primera vuelta al mundo en su búsqueda de una ruta occidental hacia Asia (completada por Juan Sebastián Elcano tres años después), tiene uno de sus puntos culminantes en la travesía de lo que hoy se conoce como Estrecho de Magallanes, y que él modestamente llamó De Todos los Santos; un paso marítimo en el extremo sur de Sudamérica, entre la Patagonia, la Isla Grande de Tierra del Fuego y gran cantidad de islotes ubicados al oeste de ésta, hacia el océano Pacífico.

Aquí llegó el 21 de octubre de 1520. Observó hogueras en su inhóspita costa y llamó al lugar Tierra de Fuego. La flota realizó un viaje realmente agotador de treinta y ocho días por el estrecho, con gran escasez de víveres y en un tiempo realmente récord, no superado hasta muchos años después. Un barco naufragó y otro desertó, pero los tres restantes fueron a parar a un océano tranquilo. Magallanes lloró de la emoción y llamó Pacífico a este océano.

Las 310 millas de largo del Estrecho de Magallanes no son una ruta de navegación ni mucho menos fácil, pero no hay nada fácil al sur del paralelo 50: esta zona es conocida por ser la más tomentosa del planeta y sus aguas son temidas y respetadas. Hasta la apertura del canal de Panamá en 1914 no había muchas alternativas para cruzar del Atlántico al Pacífico o viceversa: el Estrecho de Magallanes, la Ruta del Cabo de Hornos (utilizada a partir de su descubrimiento en 1616) o el Canal Beagle, descubierto por Fitz Roy en 1826.

Hoy, la capital de esta zona es Punta Arenas (Chile), que hasta 1914 era el principal puerto entre el Atlántico y el Pacífico, y que ahora es la puerta de entrada a la Patagonia chilena, Tierra del Fuego y la Antártida. Es la base perfecta para explorar las riberas del Estrecho de Magallanes, pero también para visitar el Parque Nacional Torres del Paine, los románticos y salvajes canales patagónicos o las conocidas pingüineras del Monumento Natural de Los Pingüinos (solo accesible en barco) y de Seno Otway, a una hora de Punta Arenas.

En el Estrecho son visitas obligadas el Fuerte Bulnes, reconstrucción histórica del fortín en donde Chile estableció el primer poblado patagónico en 1843; Puerto Hambre, donde los conquistadores españoles quisieron establecer infructuosamente un asentamiento, o Isla Magdalena (a 31 kilómetros de Punta Arenas), donde habita la mayor colonia de pingüinos de Magallanes en Chile (se dejan ver de octubre a marzo).

Los amantes de la fauna tienen también una cita con las ballenas jorobadas en el Parque Marino Francisco Coloane, el único sitio del hemisferio Sur donde se alimentan este tipo de ballenas fuera de la Antártica.

Mítico también es el Cabo Froward, el punto más meridional del continente, y el faro centenario de San Isidro, uno de los ocho bastiones que impiden los naufragios y orienta a los navegantes del estrecho. El lugar cuenta con una cómoda hostería desde la que se puede comenzar el ascenso al cercano Monte Tarn o navegar en kayak por las costas donde hace años trabajaban los balleneros.

10 El camino a África

CABO DE BUENA ESPERANZA (SUDÁFRICA)

ampliar foto Turistas en el Cabo de Buena Esperanza, en Ciudad del Cabo (Sudáfrica). / Jon Hicks

Durante siglos, los europeos, y en particular los portugueses, buscaron el camino por mar hacia las Indias, evitando así atravesar los territorios ocupados por el Imperio Turco. Estaba claro que había que rodear África, pero ¿dónde terminaba este continente, dónde había que dar la vuelta hacia el Índico? El primero que encontró el punto final de África fue Bartolomé Días, en 1488, y lo llamó el cabo de las Tormentas, pero la cosa no quedó clara hasta que Vasco de Gama demostró que se podía seguir navegando hacia el Este. Y aunque el punto donde se unen el océano Atlántico y el Índico estaba más al sur, en el Cabo Agulhas, el rey portugués Juan II decidió bautizar Cabo de Buena Esperanza al punto donde el De Gama cambió la dirección de la navegación hacia las Indias.

El 6 de abril de 1652 el marino holandés Jan van Riebeeck instaló un campamento cerca de dicho punto, que acabó convirtiéndose en Ciudad del Cabo, hoy una de las ciudades más cosmopolitas y sofisticadas de África, y motor económico de Sudáfrica. Desde esta ciudad es obligado subir a Table Mountain para admirar sus playas atlánticas y la animada Long St. Hay quien lo hace a pie, pero no hace falta. En unos minutos un teleférico lleva hasta la cima.

El Cabo de Buena Esperanza forma parte del Parque Nacional de Table Mountain, muy interesante por las especies de aves que pueden contemplarse sin salir casi del área metropolitana de Ciudad del Cabo. Dos visitas más, muy recomendables: la mítica isla-cárcel de Robben Island, en la que durante casi 30 años vivió prisionero Nelson Mandela (hoy Patrimonio mundial), y la cercana ciudad de los vinos, Constantia. En los alrededores de Ciudad del Cabo hay unos 200 viñedos y cuatro rutas del vino muy conocidas: Stellenbosch, Paarl, Franschhoek y Wellington.

Para saber más de estos destinos, e historias: Grandes Viajes de Lonely Planet y guías de país Lonely Planet.

….oOo…..

~ por albherto en junio 6, 2013.

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