A6 Tartessos: los orígenes

Tartessos: los orígenes

Llamada Tarsish por los fenicios y Tartessos por los griegos, son sólo distintas denominaciones recibidas por un mismo reino de fabulosas riquezas que existió en el suroeste de la Península Ibérica durante la primera mitad del I milenio A.C. Entre las fuentes grecolatinas, encontramos la identificación de Tartessos con una ciudad o un río, aunque hoy en día se tiende más a identificar Tartessos con una cultura que con una ciudad. Reino culto y poderoso, de escritura aún indescifrable, podemos conocer el nombre de sus reyes gracias a relatos de escritores griegos y romanos

Las primeras noticias que a él se refieren se remontan a fuentes griegas y romanas (Estrabón, Herodoto, Plinio Estesícoro, Eforo, Esteban de Bizancio…), sin olvidar las numerosas referencias que podemos hallar en la Biblia, siendo la más famosa, la de Jonás (siglo IV a. C.): “Levantose Jonás para huir lejos de Yahvé a Tarsis; bajó a Jopo y halló un barco que estaba para ir a Tarsis. Pagó el pasaje y entró en él para irse con ellos a Tarsis, lejos de Yahvé”. Estas referencias bíblicas y clásicas solían estar relacionadas con referencias a productos exóticos o al lugar más lejano posible.

Arqueológicamente se hace muy difícil su constatación, ya que no ha dejado restos de importancia que establezcan si tuvo una ciudad central rectora o identifiquen claramente los territorios comprendidos. La capital del reino de Tartessos, de igual nombre, ha sido buscada en este siglo insistentemente por numerosos arqueólogos, como Adolf Schulten (1870-1960), que han defendido y defienden su antigua ubicación entre Sevilla, Huelva y Cádiz, especialmente, en la desembocadura de los ríos. 

 

 

Este arqueólogo alemán, deseoso de emular a su compatriota Schliemann, que encontró y desenterró la no menos legendaria Troya, resucitó el mito de Tartessos y la buscó infructuosamente en la desembocadura del Guadalquivir donde, por varios documentos antiguos, parece que se situó. Otros historiadores romanos y griegos apuntaban la existencia de Tartessos en la bahía de Algeciras, y por la riqueza de los yacimientos encontrados tampoco es descabellado buscarla en las rías del Tinto y el Odiel en Huelva; sin embargo, otras hipótesis la sitúan junto al río Guadalete, en El Puerto de Santa María, y en Carmona (Sevilla).

 

 

“Aquí está la ciudad de Gadir…
Aquí están las Columnas del constante Hércules.
… y más lejos, la fortaleza de Geronte,
que su nombre antiguo tiene de Grecia,
ya que de ella sabemos que Gerión recibió su nombre.
Aquí se extienden las costas del Golfo Tartesio.
Éste es el océano que ruge alrededor
de la vasta extensión del orbe.
Éste es el máximo mar,
éste es el abismo que ciñe las costas
éste es el que riega el mar interior.
Éste es el padre de Nuestro Mar…


Rufo Festo Avieno
Orae Maritimae (Siglo IV) 



Las leyendas sitúan la desaparecida Atlántida más allá de las columnas
de Hércules, en el Estrecho de Gibraltar

 

Los tesoros de la Aliseda y el Carambolo, los dos grandes yacimientos que permitieron iniciar el estudio de Tartessos y que se consideraron como paradigmas de la cultura de realeza, son el ejemplo de una sociedad claramente jerarquizada. Estos hallazgos de numerosísimos objetos en necrópolis y poblados, junto con los que van siendo constantemente descubiertos y excavados, confirman día a día la existencia de una cultura denominada tartésica en alusión a las fuentes clásicas.

Según la leyenda transmitida por esas fuentes, se extendía por el bajo Guadalquivir y bajo Guadiana. Tuvo numerosos reyes:

  • Gerión, el gigante con tres cabezas que luchó y fue derrotado por Hércules;
  • su nieto Norax, que llegó hasta Cerdeña;
  • Gárgoris, descubridor de la miel y fundador de otra dinastía;
  • su nieto Habis (o Habidis), protagonista de una leyenda de abandono siendo niño y criado por bestias salvajes, que nos recuerda a las más clásicas, como la de la fundación de Roma, y que fue regalado por los dioses convirtiéndole en legislador y descubridor de la agricultura;
  • Argantonio, llamado rey u hombre de la plata y que es el que más visos de historicidad posee y cuya fama se debe a que durante su longeva vida (segunda mitad siglo VII A.C. y primera mitad del siglo VI A.C.).

Se dice que fue Kolaios de Samos, un ilustre navegante, quien viajó hasta allí y, a su vuelta a Grecia, dio a conocer las fabulosas riquezas de la zona, inaugurando así una breve pero próspera época de relación comercial entre los griegos y los tartésicos.

 

No menos fabulosa parece la otra de las grandes leyendas de Tartessos, la de su identificación con la desaparecida Atlántida, sobre todo por las referencias que la situaban más allá de las columnas de Hércules (el Estrecho de Gibraltar) y por compartir ambas la condición de civilizaciones desaparecidas sin dejar rastro. Fue Platón el que nos habló por primera vez de la Atlántida en sus diálogos Timeo y Critias, escritos hacia el 350 A.C. Desde entonces, se han realizado infinidad de conjeturas, tanto para demostrar su existencia como para negarla, y sobre todo para ubicarla, para saber exactamente a qué se refería el filósofo griego. 

Aristóteles, el discípulo de Platón, opinaba que la historia de la Atlántida era una ficción, inventada por su maestro, como un modelo imaginario en el que ilustrar sus modelos de sociedad, y que finalmente: “El hombre que la soñó la hizo desaparecer”. Otros autores antiguos como Estrabón, Plinio El Viejo o Plutarco no estaban tan seguros, pero tampoco se atrevieron a apoyar su existencia histórica. 

Ya en la Edad Media se puso en duda la opinión de Aristóteles, con lo que comenzó la discusión que dura hasta la actualidad, principalmente por esa atracción que sentimos todos hacia lo inexplicado y lo desconocido.

Pese a los recientes indicios arqueológicos, la historia de este antiguo reino andaluz llamado Tartessos sigue hoy siendo un enorme misterio, pese a todos los descubrimientos de este siglo que se nos va. Dejando a un lado su exacta ubicación, lo realmente importante es que Tartessos ha dejado de ser un cuento mitológico o un tema a debatir por eruditos, para llegar a ser reconocido por los actuales andaluces como un esplendoroso pasado que empieza a ser estudiado en las escuelas.

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