A8 La Mítica Tierra de Tartessos (y II)

La Mítica Tierra de Tartessos (y II)

 

Las comunidades del Bronce Final en la región de Tartessos eran consumidoras productoras de cerámica bruñida de gran calidad. Esta cerámica unifica a las primeras comunidades tartésicas y da a entender que existían niveles de vida parecidos. Los logros de estas primeras cerámicas “tartésicas” revelan la existencia de comunidades que poseían una gran habilidad pero seguían viéndose limitadas a una economía de subsistencia. Ni siquiera se indica que hubiera individuos ricos en primitiva sociedad de Tartessos. Vivían en chozas redondas construidas con zarzo y adobe y dependían del cultivo de las cosechas y de la ganadería. El concepto de una Tartessos rica parece más aplicable al periodo posfenicio, en el que la sociedad mostraba verdaderas señales de riqueza.
Varias ideas preponderan en los debates entorno a los tartesios posfenicios. En primer lugar, y la más importante, es la de su consonancia con una perceptible y variopinta influencia orientalizadora. En segundo lugar, a menudo se piensa que el carácter y la sociedad tartésicos eran impulsados por la inspiración de los extranjeros orientales; la adopción de una cultura diferente (aculturación) generalmente se interpreta como la señal preponderante de la nueva época. En tercer lugar, la cultura tartésica se relaciona muy a menudo con lo que se sabe – o no e sabe- de las colonias fenicias. En estas circunstancias, la imagen de Tartessos en su apogeo se ha tipificado de manera muy sencilla: mediante un aspecto oriental de origen fenicio.
La producción de plata aumentó considerablemente después de que los colonizadores fenicios fundaran sus asentamientos en la Península Ibérica. Sin embargo, el proceso de fundición del metal fue un logro técnico de los indígenas del Bronce Final. La fundación de Gades fue un momento decisivo, después del cual el camino que llevaba a los recursos de estaño del noroeste –muy utilizado por las gentes del país durante siglos- quedó abierto a los mercaderes fenicios. Por tanto, el interrogante que se nos plantea es si la renovada inversión en la tecnología del bronce y la producción de plata fue una aportación de los metalúrgicos fenicios, o si éstos sencillamente usaron su influencia para mejorar la producción local de estos metales preciosos. En cualquier caso, los indicios de actividad metalúrgica prefenicia existen pero no son abrumadores; además es difícil imaginar un aprovechamiento real de la referidad actividad que no esté en relación con el comercio fenicio.
El cambio radical entre los periodos prefenicio y posfenicio de Tartessos se produce en el campo de la cerámica. Aparte de uso generalizado del torno de alfarero para producir cuencos de superficie muy bruñida, las vasijas que reflejan el ajuste a una fase diferente son los recipientes de gran capacidad con decoración pintada. Se piensa que estas jarras contenían vino, o quizás aceite de oliva. Los fenicios trocarían estos productos por el grano o las menas de metal de los aborígenes. La fabricación de los recipientes cuyos inventores fueron los fenicios, pronto pasaría a formar parte de las técnicas de los alfareros del lugar: entonces se utilizarían para almacenar cereales u otros productos sólidos.
Seguimos ignorando el aspecto detallado que tendría una población tartésica, pero la respuesta urbana al comercio con los fenicios se percibe generalmente en la sustitución de las chozas por casa rectangulares bien proyectadas y de obra de albañilería, y en la mejora de las viviendas del Bronce Final. También parece iniciarse a partir de contacto con los fenicios el amurallado de los núcleos de población.
Es probable que se creara una infraestructura de transporte simultáneamente con esta actividad de comercio y trueque. Es fácil imaginar que había demanda de carne de buey –y de sal para conservarla- entre los colonizadores, a la vez que a los nativos les gustaría recibir productos más lujosos (joyería, marfiles, perfumes, bronces, textiles …) Este comercio con varios tipos de mercancías causaría un aumento de la producción y contribuiría a la transformación económica de ambas partes. Esta diversificación económica conduciría a una diversificación social, que puede apreciarse en los ricos objetos aparecidos en algunas tumbas.
Nuestra comprensión de las necrópolis tartesias se basa en extraordinarios descubrimientos de artefactos y objetos de metal y marfil, así como de joyas. Sin embargo, estamos muy lejos de saber todo lo relativo a estos cementerios. Hay diferencias en los rituales funerarios de una necrópolis a otra así como entre los propios enterramientos de una misma necrópolis. Por lo tanto no hay una pauta constante de procedimientos funerarios. En la actualidad, sabemos que existía una estructura de clases sumamente diferenciada, muy motivada por los rituales y prácticas religiosas de los extranjeros. También está claro que los bienes valiosos estaban distribuidos de modo desigual entre los enterramientos, lo cual contribuye a que nos formemos la idea de una sociedad en la que había estratos sociales.
Hay abundancia de datos que indican la medida en que los fenicios afectaron fundamentalmente a los tartesios. Esta influencia tuvo consecuencias trascendentales y fue transmitida a futuras generaciones. Gracias a los colonizadores fenicios, los nativos del sur de la Península Ibérica tuvieron conocimiento de la escritura, incrementaron su producción de metales –sobre todo plata-, mejoraron sus técnicas de construcción y aprendieron a usar mejor el torno del alfarero. En lo ideológico, asimilaron a dioses como Melqart, Astarté o Reshef-Hadad. Adoptaron rituales funerales de Oriente (uso de platos y jarros). Adoptaron símbolos como monstruos alados mitológicos o escenas de combates entre depredadores y presas.
La mayoría de los artefactos arqueológicos de estilo oriental encontrados en territorio tartésico son o bien artículos de lujo para uso personal u objetos rituales que en la mayoría de los casos se han hallado en tumbas. Estos objetos servían además para indicar la clase social a la que se pertenecía.
No cabe duda de que la emulación contribuyó al incremento de la producción y por tanto al mejoramiento económico. Además, el contacto entre ambas sociedades para el comercio fue haciendo cada vez más difícil distinguir una comunidad de otra.
Sin embargo, pese a la gran influencia, la sociedad tartesia conservó gran parte de su carácter local. La estructura social tiene su origen en la organización del Bronce Final. No todos los objetos funerarios revelan una influencia oriental, algunos de ellos son de estilo local. La vivienda, aunque mejoró, no parece que experimentase una transformación radical. Las nuevas circunstancias no parecen haber fomentado conflictos internos.
 
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